Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Bienvenido usted.
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Calla, que ahora nuestros progenitores están aprendiendo y acabando con mi monopolio de poder.
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Estoy jugando la partida, pero por ahora no hay grandes avances, solo batallas y más batallas, que se hacen muy cansinas de narrar, esperaré a tener avances importantes como la conquista de Reims, aderezados con alguna traición y sangrientos combates antes de actualizar.
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Tiempo ha, mis señores y damas, que no os incordio con el cuento senil de mis viejas y fútiles glorias. Habéis de saber que he lamentado mucho esta dilación, pero me he visto en estos meses acometido de furiosos achaques, sin duda cuenta tardía que pago por mis muchos pecados. De todos los enemigos, creedme cuando os digo que los años son los más crueles, e invencibles. Ved cómo convierten al que fue gallardo caballero en el miserable viejo que tenéis ante los ojos. Pero sigamos mi cuento, que el recordar me distrae de los dolores de mi fatigado cuerpo.
En estos días de enero, hube un encuentro con Poton de Xaintrilles, aquel que en mala hora me convenciera para reanudar la guerra que tantos sinsabores me trajo. Como a pesar de todo era buen caballero quise ajuntarle a nuestra causa, mas con su rudeza de modos habitual, negose a abandonar al rey Carlos y nos separamos en paz. Más suerte tuvimos con el discreto Charles d’Alençon, que puso en nuestras manos la fuerte plaza de Lyon. Sin embargo, de nada más nos aprovechó la visita a las tierras del sur de Francia, salvo para huir del frío del norte, pues ningún otro de aquellos señores transigió en el arreglo.
De estas comisiones me sacaron los ingleses que con gran fuerza sitiaron Neufchateau. Yo, acompañado solo de los pares y un corto séquito metíme en el castillo y como me era enfadoso esperar la venia de los sitiadores para entablar combate, con ochenta hombres de los mejores salí al campo contra cuatro cientos, de lo que resultó, Dios mediante, nuestra victoria tras bregar todo el día contra Lord Laruquen, con quien me batí en honroso y singular combate, y los suyos, a los que en repetidas acometidas matamos o pusimos en fuga hasta que quedó expedito el campo.
Cada día se libraban batallas que es penoso el recordar y enfadoso el escuchar. Al poco de esta de Neufchateau, supe mientras corría Normandía, que el francés Tulug estaba asolando mi villa de Bretigny. Allá me dirigí al amparo de la noche, de modo que encontrara a los franceses ebrios y ocupados en el saqueo de haciendas y virtudes. De buena gana habría colgado en la misma villa a toda la compañía de monsieur Tulug, mas el prudente Carlos de Navarra refrenó mis iras recordándome que esos hombres serían más útiles bajo su bandera que al extremo de una cuerda y tendrían ocasión de lavar su horrendo pecado ayudando a una causa santa y justa. Más hubiera querido yo que se negara al arreglo el francés para así poder saciar mi venganza, mas no fue así y ya en el campo navarro contábamos con un pendón más.
Por fin pasados varios días tras el de la Epifanía del Señor, logré reunir las huestes de algunos vasallos (que los más, aun con haber abrazado la causa navarra obraban con una prudencia rayana en cobardía) y poner sitio a Chalons, conquistada tiempo atrás por los ingleses. Tras furioso asalto en el que tuvimos que lamentar veinte muertes desalojamos a los pertinaces defensores de sus altos nidos.
En consejo con el rey di mi parecer de entregar Chalons en feudo a monsieur d’Arkadan, uno de los primeros señores en unirse a nuestra causa, pero que por viejas rencillas y recelos no era muy devoto de mi persona. Esperaba con ello asegurar su lealtad y creyéndome libre de tales cuitas, marché al Occidente, donde la guerra requería mis armas. No había recorrido muchas leguas cuando supe de la abyección cometida por Arkadan, de la que la Historia os habrá dado noticia. Como un nuevo Ganelón, este indigno caballero traicionó su juramento y deshonró los dones que con tan buenos deseos se le habían concedido. Habéis de saber que entregó la plaza de Chalons a los franceses no bien se vio tras sus puertas, izando en connivencia con Carlos de Francia el estandarte flordelisado y acusando de felonía a las pocas guardas que en la plaza habíamos dejado para protegerla hasta la llegada del nuevo señor, manchando con su ejecución la nobleza que alguna vez tuvo su linaje. Que de estas mañas usaba el Valois para ganar a los ingleses sin costo lo que por las paces no podía tomarles directamente.
Hay quienes se tildan de sabios y versados en la Historia, y comparan su traición con la mía. Mas, ¿en qué son comparables el día y la noche? No fui traidor yo, pues fue el rey Carlos quien incumplió los deberes que con su vasallo tenía; fue felón y mil veces felón monsieur d’Arkadan, que juró lealtad y deshonró el homenaje como recompensa por los bienes recibidos. Decid esto a tales sabios si topáis un día con ellos, véalos yo comidos de gusanos
Viendo perdido Chalons, que con tanta sangre se ganó, volví grupas inflamado en roja ira. No duró mucho la rebelión del traidor, pues apenas pudo alzar hueste con la que poblar las murallas. Así con poco trabajo, Dios fue servido de devolver el castillo a los navarros. Tampoco pude esta vez dar cumplimiento a la sentencia que contra el traidor instruyó don Carlos, pues se huyó vilmente después de herido por mi mano en el combate.
Al poco, el prudente monsieur de Gerluchs puso en nuestras manos la fuerte villa de Le Mans mas no hicimos más progresos en aquella región, ni entre algunos antiguos amigos que allí tenía.
Un día me encontré con que un inglés rondaba Montargis; dile gran escarmiento y entre los que traía presos hallé a mi amigo y camarada Hugues de Payens que bravamente se había batido antes de dejarse prender.
Mas ni uno ni otros hubimos descanso, pues tampoco estaban ociosas las armas del Valois. Habíase encaprichado con Chalons y allí mandó gran hueste con el traidor Arkadan al frente que esperaba recuperar el que por poco tiempo fuera su solar. En inferioridad lo enfrenté aunque supe dividir a los señores que con él venían, que no le eran muy devotos. A todos puse en fuga y a uno prendí mas no pudo ser el felón quien en mis manos cayera.
Dispuesto a tomar Rheims de nuevo junté hueste con muchos arqueros ingleses, para abatir sobre la ciudad tal tormenta de flechas que hubiera de rendirse o perecer. Tan obcecado estaba en la conquista que no hice caso a los prudentes consejos de los que me avisaban del peligro que corría lo ya conquistado. Harto ya de las provocaciones de ingleses y franceses que con cuarenta lanzas sitiaban mis castillos solo para distraerme de más altas empresas, no tomé en cuenta la noticia de que el rey de los ingleses ponía a Monterrean cerco. ¡En mala hora! Mientras yo seguía enrocado contra los orgullosos muros de Rheims, los ingleses con grandísima copia de gente forzaron Monterrean. Para colmar el odre de mis desgracias, los franceses envalentonados y deseosos de mostrar que no eran ellos menos (pues la hostilidad de los dos reinos amenazaba en los últimos tiempos con romper las maltrechas paces), pusieron riguroso sitio a mi plaza de Albe. Para entonces ya había dejado Rheims y me ponía en camino tras ellos, mas no pude llegar a tiempo de salvar el castillo de gruesos muros, que cayó también, dejando en tan corto espacio mis estados reducidos a los castillos de Montargis y Chartres y a la ciudad de Paris, de hermosas torres.
No me había visto nunca hasta entonces en tan grave cuidado. No tardé en tomar mi venganza y las fortalezas tan rápidamente perdidas fueron más presto expugnadas y devueltas a mi redil, mas gravísima dilación sufrieron mis designios pues antes de emprender nada había de reponer las mermadas guarniciones.
Última edición por HoJu el Vie 02 Apr, 2010 02:35; editado 2 veces
Capítulo XXVI
Tiempo ha, mis señores y damas, que no os incordio con el cuento senil de mis viejas y fútiles glorias. Habéis de saber que he lamentado mucho esta dilación, pero me he visto en estos meses acometido de furiosos achaques, sin duda cuenta tardía que pago por mis muchos pecados. De todos los enemigos, creedme cuando os digo que los años son los más crueles, e invencibles. Ved cómo convierten al que fue gallardo caballero en el miserable viejo que tenéis ante los ojos. Pero sigamos mi cuento, que el recordar me distrae de los dolores de mi fatigado cuerpo.
En estos días de enero, hube un encuentro con Poton de Xaintrilles, aquel que en mala hora me convenciera para reanudar la guerra que tantos sinsabores me trajo. Como a pesar de todo era buen caballero quise ajuntarle a nuestra causa, mas con su rudeza de modos habitual, negose a abandonar al rey Carlos y nos separamos en paz. Más suerte tuvimos con el discreto Charles d’Alençon, que puso en nuestras manos la fuerte plaza de Lyon. Sin embargo, de nada más nos aprovechó la visita a las tierras del sur de Francia, salvo para huir del frío del norte, pues ningún otro de aquellos señores transigió en el arreglo.
De estas comisiones me sacaron los ingleses que con gran fuerza sitiaron Neufchateau. Yo, acompañado solo de los pares y un corto séquito metíme en el castillo y como me era enfadoso esperar la venia de los sitiadores para entablar combate, con ochenta hombres de los mejores salí al campo contra cuatro cientos, de lo que resultó, Dios mediante, nuestra victoria tras bregar todo el día contra Lord Laruquen, con quien me batí en honroso y singular combate, y los suyos, a los que en repetidas acometidas matamos o pusimos en fuga hasta que quedó expedito el campo.
Cada día se libraban batallas que es penoso el recordar y enfadoso el escuchar. Al poco de esta de Neufchateau, supe mientras corría Normandía, que el francés Tulug estaba asolando mi villa de Bretigny. Allá me dirigí al amparo de la noche, de modo que encontrara a los franceses ebrios y ocupados en el saqueo de haciendas y virtudes. De buena gana habría colgado en la misma villa a toda la compañía de monsieur Tulug, mas el prudente Carlos de Navarra refrenó mis iras recordándome que esos hombres serían más útiles bajo su bandera que al extremo de una cuerda y tendrían ocasión de lavar su horrendo pecado ayudando a una causa santa y justa. Más hubiera querido yo que se negara al arreglo el francés para así poder saciar mi venganza, mas no fue así y ya en el campo navarro contábamos con un pendón más.
Por fin pasados varios días tras el de la Epifanía del Señor, logré reunir las huestes de algunos vasallos (que los más, aun con haber abrazado la causa navarra obraban con una prudencia rayana en cobardía) y poner sitio a Chalons, conquistada tiempo atrás por los ingleses. Tras furioso asalto en el que tuvimos que lamentar veinte muertes desalojamos a los pertinaces defensores de sus altos nidos.
En consejo con el rey di mi parecer de entregar Chalons en feudo a monsieur d’Arkadan, uno de los primeros señores en unirse a nuestra causa, pero que por viejas rencillas y recelos no era muy devoto de mi persona. Esperaba con ello asegurar su lealtad y creyéndome libre de tales cuitas, marché al Occidente, donde la guerra requería mis armas. No había recorrido muchas leguas cuando supe de la abyección cometida por Arkadan, de la que la Historia os habrá dado noticia. Como un nuevo Ganelón, este indigno caballero traicionó su juramento y deshonró los dones que con tan buenos deseos se le habían concedido. Habéis de saber que entregó la plaza de Chalons a los franceses no bien se vio tras sus puertas, izando en connivencia con Carlos de Francia el estandarte flordelisado y acusando de felonía a las pocas guardas que en la plaza habíamos dejado para protegerla hasta la llegada del nuevo señor, manchando con su ejecución la nobleza que alguna vez tuvo su linaje. Que de estas mañas usaba el Valois para ganar a los ingleses sin costo lo que por las paces no podía tomarles directamente.
Hay quienes se tildan de sabios y versados en la Historia, y comparan su traición con la mía. Mas, ¿en qué son comparables el día y la noche? No fui traidor yo, pues fue el rey Carlos quien incumplió los deberes que con su vasallo tenía; fue felón y mil veces felón monsieur d’Arkadan, que juró lealtad y deshonró el homenaje como recompensa por los bienes recibidos. Decid esto a tales sabios si topáis un día con ellos, véalos yo comidos de gusanos
Viendo perdido Chalons, que con tanta sangre se ganó, volví grupas inflamado en roja ira. No duró mucho la rebelión del traidor, pues apenas pudo alzar hueste con la que poblar las murallas. Así con poco trabajo, Dios fue servido de devolver el castillo a los navarros. Tampoco pude esta vez dar cumplimiento a la sentencia que contra el traidor instruyó don Carlos, pues se huyó vilmente después de herido por mi mano en el combate.
Al poco, el prudente monsieur de Gerluchs puso en nuestras manos la fuerte villa de Le Mans mas no hicimos más progresos en aquella región, ni entre algunos antiguos amigos que allí tenía.
Un día me encontré con que un inglés rondaba Montargis; dile gran escarmiento y entre los que traía presos hallé a mi amigo y camarada Hugues de Payens que bravamente se había batido antes de dejarse prender.
Mas ni uno ni otros hubimos descanso, pues tampoco estaban ociosas las armas del Valois. Habíase encaprichado con Chalons y allí mandó gran hueste con el traidor Arkadan al frente que esperaba recuperar el que por poco tiempo fuera su solar. En inferioridad lo enfrenté aunque supe dividir a los señores que con él venían, que no le eran muy devotos. A todos puse en fuga y a uno prendí mas no pudo ser el felón quien en mis manos cayera.
Dispuesto a tomar Rheims de nuevo junté hueste con muchos arqueros ingleses, para abatir sobre la ciudad tal tormenta de flechas que hubiera de rendirse o perecer. Tan obcecado estaba en la conquista que no hice caso a los prudentes consejos de los que me avisaban del peligro que corría lo ya conquistado. Harto ya de las provocaciones de ingleses y franceses que con cuarenta lanzas sitiaban mis castillos solo para distraerme de más altas empresas, no tomé en cuenta la noticia de que el rey de los ingleses ponía a Monterrean cerco. ¡En mala hora! Mientras yo seguía enrocado contra los orgullosos muros de Rheims, los ingleses con grandísima copia de gente forzaron Monterrean. Para colmar el odre de mis desgracias, los franceses envalentonados y deseosos de mostrar que no eran ellos menos (pues la hostilidad de los dos reinos amenazaba en los últimos tiempos con romper las maltrechas paces), pusieron riguroso sitio a mi plaza de Albe. Para entonces ya había dejado Rheims y me ponía en camino tras ellos, mas no pude llegar a tiempo de salvar el castillo de gruesos muros, que cayó también, dejando en tan corto espacio mis estados reducidos a los castillos de Montargis y Chartres y a la ciudad de Paris, de hermosas torres.
No me había visto nunca hasta entonces en tan grave cuidado. No tardé en tomar mi venganza y las fortalezas tan rápidamente perdidas fueron más presto expugnadas y devueltas a mi redil, mas gravísima dilación sufrieron mis designios pues antes de emprender nada había de reponer las mermadas guarniciones.
Última edición por HoJu el Vie 02 Apr, 2010 02:35; editado 2 veces
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Se te perdonan los achaques, que la edad ya es muy mala... Pero no te tires ahora otros 3 meses para actualizar. :mrgreen:
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Pero a que esperas a cruzar el canal y arrasar Londres?!?!?!?!
:mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:
:mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Por fin he dado por terminada la partida, después de una sesión intensiva para alcanzar los objetivos por mis santos coj.... Ahora todo depende de lo que tarde en escribirlo :mrgreen: .
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Oka. Tómatelo con la calma que necesites. ¿Te has planteado convertirlo en un PDF para tenerlo guardadito?
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
Hombre, guardado lo tengo, cada capítulo en un word. No me había planteado lo del PDF, la verdad; si hay demanda...
Asunto: Re: AAR Mount & Blade (100 Years War Mod) El Perro De La Guerra
En espera de tan ansiado final.
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